Dios nunca se aleja de nosotros, nosotros nos alejamos de Él y como el hijo pródigo nos marchamos de su presencia pero cuando volvemos a Él nos recibe con alegría.
Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado. (Lc 15, 20.24)
Si quieres experimentar el amor del Padre, experiméntalo en el sacramento de la Reconciliación. Regresa al amor del Padre y recupera tu dignidad de hijo perdida por el pecado.


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