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viernes, 4 de marzo de 2011

NO TODO EL QUE ME DIGA ¡SEÑOR, SEÑOR!


 
-No sólo por asistir a Misa cada domingo.
-No sólo por ayudar a todos los necesitados.
-No sólo por leer la Biblia todos los días.
-No sólo por asistir al catecismo o por ir a un grupo de la parroquia.
-No sólo por rezar todos los días.


No sólo por todo ello “entrarán en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre.” La invitación de Jesús va más allá del mero cumplimiento de deberes y leyes que se nos mandan, exige una actitud interior de humildad y disponibilidad para hacer la voluntad del Padre. Se trata de dejar a un lado la actitud de “lo hago porque lo tengo que hacer,” “tengo que ir a Misa porque así tiene que ser,” exige la actitud de: “lo hago porque es la voluntad de Dios y para que todo sea para mayor gloria de Él”, lo cual implica actuar por convicción y no por obligación, porque lo que se hace se cree que es el mejor bien.

Cumplir la voluntad de Dios es construir la propia vida en roca firme y no en arena, significa dejarse guiar por Dios y dar sentido a la propia existencia cimentados y arraigados en Cristo, para que así, cuando venga la tempestad, cuando las dificultades y contrariedades se hagan presentes, los que cumplen la voluntad de Dios, se mantienen fuertes porque no hay nada que los pueda destruir, Dios los sostiene y les da la fuerza para afrontar cualquier dificultad. Y entre más cimentados estén en Dios, por más dificultades que se presenten, nada podrá destruirlos.

La invitación de Jesús es muy clara: hacer la voluntad del Padre para construir sobre roca y entrar en el Reino de los cielos.

CRISTO ROCA FIRME

No basta con amar a Cristo y expresar a los otros ese amor con palabras bonitas, es necesario que con las obras y con el cumplimiento de la voluntad de Dios, Cristo sea el centro de tu vida y lo que de sentido a tu existencia.

Quien tiene a Cristo como su roca firme, construye su vida sobre Él, pone su confianza en su misericordia y deja sostenerse por el amor divino que lo conduce al bien y a la felicidad.
El que es justo en todo y lucha por la paz y la armonía, el que confía plenamente en Dios y no se deja engañar por el esoterismo, la brujería, el tarot, los horóscopos, el culto a la “santa muerte”; el que tiene como centro de su vida a Cristo y se deja transformar por su amor. Ese construye su vida sobre la roca firme.

Pónganse en su corazón y en sus almas estás palabras mías; átenlas a su mano como una señal, llévenlas como un sigo sobre la frente (Dt. 11, 18)

Esas palabras, las decía Moisés por parte de Dios al pueblo de Israel como una forma de expresar lo importante que era cumplir la ley y de no olvidar ninguno de los mandamientos.

Nosotros como cristianos para no olvidar que somos de Cristo, nos gusta usar creces en el pecho o medallas de la virgen o de los santos, también nos gusta usar pulseras que digan que somos de Cristo, o decenarios o anillos y una gran variedad de símbolos externos que nos hacen identificarnos como cristianos.

Sin embargo, lo importante es llevar grabado en nuestro corazón, nuestro ser cristianos, para así obrar como Cristo y conforme a su voluntad y testimoniar nuestro ser cristianos con la vida y no simplemente con un montón de “colgijes”, símbolos o imágenes.


En Cristo y Don Bosco: César Águila Cázarez sdb.

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